✓Empiezas con lo que ya tienes
Una historia, cuatro minutos y el sofá. Nada que estudiar antes.
Te llevas 101 historias cortas para leer antes de que pase, ordenadas por situación y no por emoción.



Le dices que no, se tira al suelo, y hay cuatro personas detrás.
Nueve y cuarto. No quiere ponérselo. Noventa minutos después seguís ahí.
Se calla de golpe y tú te quedas peor que él.
Tira la silla. Y empiezas a mirar cuánto tardan en dar cita.
No te falta paciencia. Te falta tenerlo contado antes.
Cuatro cosas que no coincidían hace cinco años.
Una historia, cuatro minutos y el sofá. Nada que estudiar antes.
El primer móvil llega a los 10,9 años. Lo que no esté hablado antes, se lo cuenta internet.
La que reconoció a los seis le sirve a los once con otro nombre.
Hora y media hoy, una frase que ya conocéis mañana.
Con la escena, la conversación y una pregunta para después — para los días que no sabes qué decir


























+ 88 historias más esperándote dentro
No hace falta que a tu hijo le pase nada. Elige la tuya.
La frase buena se te ocurre dos horas después. Por eso se leen antes: cuando pasa, él ya reconoce la escena.

Esto no te manda deberes. Lees una historia con tu hijo y se acabó.

Quieres que sepa decir que no cuando le presionen, y que no lo aprenda a golpes. Dentro están las de grupo, presión y pantallas.


No la emoción: la escena. «No le dejan jugar», «se rinde al primer no».

Cuatro minutos en el sofá, un día cualquiera, sin que pase nada.

Él la reconoce. Y tú ya no improvisas: le recuerdas el cuento.
Ordenadas por lo que pasa en casa. Desliza.
Las más leídas





Cada una trae la escena, la conversación y la pregunta de después.
71,00 € de valor, incluidos hoy. No siempre van a estar en el pack.
Bonus 1Una tarjeta por situación, con su historia y su pregunta.
Bonus 2La conversación de después, escrita: qué preguntar y qué no decir.
Bonus 3A una cara, en A4, para la nevera.
Bonus 4Narradas, para el coche y la noche. Si no le gusta leer, las escucha.
Bonus 5Las mismas situaciones para un preadolescente. Dos etapas, una compra.
Bonus 6Grupos, pantallas, lo que no se reenvía. Antes del primer móvil.
Un solo pago. Tuyo para siempre.
Pack completo

Total por separado 130,99 € · Hoy 14,99 €. No prometemos ningún cambio de conducta: te damos las 101 historias, las fichas y la guía. No sustituye acompañamiento psicológico, terapéutico, logopédico ni médico.
Capturas sin filtro de familias que lo usan








Experiencias individuales. No garantizamos ningún cambio de conducta.
Familias españolas que ya lo tienen en casa.
Lo compré un domingo a las once de la noche después de un día horrible en el que le había gritado a mi hija dos veces. No estaba yo para esperar un envío. Lo tenía en el correo antes de apagar el móvil y esa misma noche leí dos. Lo digo porque yo tenía la duda de si era uno de esos que te mandan un enlace a los tres días. Se abre en el móvil, sin bajar ninguna aplicación ni registrarse en ningún sitio.
Hace unos meses compré uno parecido y resultó que estaba traducido con el traductor. Hablaba de «celular», de «carro», de «jalar», y mi hija me paraba cada dos páginas para preguntarme qué era eso. Lo dejamos a la tercera noche. Antes de comprar este busqué si pasaba lo mismo y no: está escrito en español de aquí, las situaciones son el súper, el parque, el cole de aquí. Parece una tontería hasta que te pasa lo otro.
Voy a decir lo que me habría gustado que me dijeran a mí. Esto no apaga una rabieta en caliente. Yo la primera semana lo usé así, cuando ya estaba montado el pollo iba a buscar la historia, y no funciona, porque en ese momento no te escucha nadie. Funciona al revés: lo lees tranquilo en el sofá el día de antes, y el día que pasa de verdad tu hijo ya reconoce el cuento y tú ya sabes qué decir. En cuanto cambié eso, cambió todo. Pero perdí una semana usándolo mal.
Mi objeción era el tiempo. Trabajo, llego a las siete, y lo último que quería era otra cosa que empiezo con ilusión y abandono en la página veinte sintiéndome culpable. Son cuatro minutos. Una historia es una historia: la lees, la comentáis, y se acabó, no hay fases ni progreso ni nada que recuperar si un día no lo abres. Llevamos mes y medio y nos hemos saltado un montón de días. No pasa nada, sigue sirviendo igual.
Lo escribo porque yo dudé por esto. Mi hijo no tiene ningún problema, ni diagnóstico, ni nada. Es un niño normal de seis años. Y todo lo que encuentras en esta categoría parece material clínico, para niños con dificultades, y te hace pensar que te estás pasando de madre preocupada. Esto no va de eso. Va de hablar de las cosas antes de que pasen, que es lo que yo quería. Ni una sola vez te plantea a tu hijo como un problema a resolver.
Lo que me decidió fue lo que no promete. Estoy saturada de que todo sea un método, un programa, un curso de doce módulos para que tu hijo duerma o coma o te obedezca. Aquí te dicen desde el principio que no es un método y que no te va a dar un hijo obediente. Son historias. Y resulta que es verdad: no hay pautas que seguir ni deberes ni nada que hacer bien. Que alguien no te prometa un milagro es la razón por la que le creo.
El contenido muy bien, lo usamos casi a diario y los peques han enganchado. Le quito una estrella por una cosa práctica que creo que hay que decir: imprimirlo entero en color sale caro. Son muchas páginas y a todo color. Al final imprimí solo las fichas, que son las que van a la nevera, y el resto lo leemos en la tablet. Funciona igual, pero yo compré pensando en tenerlo todo en papel y ahí me quedé a medias.
Mi hijo tiene ocho años y no lee. Lo he intentado todo, ha salido mal todo. Compré esto medio resignada pensando que iba a ser otro archivo muerto en el móvil. Lo que nos ha salvado es que vienen narradas: las ponemos en el coche de camino al colegio, veinte minutos de trayecto, y da para dos o tres. Ahora es él el que pide cuál toca. No lee ni una línea, pero se las sabe todas y las reconoce cuando le pasan.
Llevo tres años comprando cosas de estas: cuentos de emociones, el tarro de la calma, las tarjetas, el semáforo. Creo que he probado casi todo. Lo que cambia aquí, y lo digo después de haber tirado bastante dinero, es que está escrito para casa y no para el aula. Las demás cosas te plantean situaciones de clase, de fila, de profesora. Aquí las situaciones son la cena, el súper, el hermano pequeño, el domingo por la tarde. Son las mías.
Hace unos meses compré uno parecido y resultó que estaba traducido con el traductor. Hablaba de «celular», de «carro», de «jalar», y mi hija me paraba cada dos páginas para preguntarme qué era eso. Lo dejamos a la tercera noche. Antes de comprar este busqué si pasaba lo mismo y no: está escrito en español de aquí, las situaciones son el súper, el parque, el cole de aquí. Parece una tontería hasta que te pasa lo otro.
Voy a decir lo que me habría gustado que me dijeran a mí. Esto no apaga una rabieta en caliente. Yo la primera semana lo usé así, cuando ya estaba montado el pollo iba a buscar la historia, y no funciona, porque en ese momento no te escucha nadie. Funciona al revés: lo lees tranquilo en el sofá el día de antes, y el día que pasa de verdad tu hijo ya reconoce el cuento y tú ya sabes qué decir. En cuanto cambié eso, cambió todo. Pero perdí una semana usándolo mal.
Mi objeción era el tiempo. Trabajo, llego a las siete, y lo último que quería era otra cosa que empiezo con ilusión y abandono en la página veinte sintiéndome culpable. Son cuatro minutos. Una historia es una historia: la lees, la comentáis, y se acabó, no hay fases ni progreso ni nada que recuperar si un día no lo abres. Llevamos mes y medio y nos hemos saltado un montón de días. No pasa nada, sigue sirviendo igual.
Lo escribo porque yo dudé por esto. Mi hijo no tiene ningún problema, ni diagnóstico, ni nada. Es un niño normal de seis años. Y todo lo que encuentras en esta categoría parece material clínico, para niños con dificultades, y te hace pensar que te estás pasando de madre preocupada. Esto no va de eso. Va de hablar de las cosas antes de que pasen, que es lo que yo quería. Ni una sola vez te plantea a tu hijo como un problema a resolver.
Lo que me decidió fue lo que no promete. Estoy saturada de que todo sea un método, un programa, un curso de doce módulos para que tu hijo duerma o coma o te obedezca. Aquí te dicen desde el principio que no es un método y que no te va a dar un hijo obediente. Son historias. Y resulta que es verdad: no hay pautas que seguir ni deberes ni nada que hacer bien. Que alguien no te prometa un milagro es la razón por la que le creo.
El contenido muy bien, lo usamos casi a diario y los peques han enganchado. Le quito una estrella por una cosa práctica que creo que hay que decir: imprimirlo entero en color sale caro. Son muchas páginas y a todo color. Al final imprimí solo las fichas, que son las que van a la nevera, y el resto lo leemos en la tablet. Funciona igual, pero yo compré pensando en tenerlo todo en papel y ahí me quedé a medias.
Mi hijo tiene ocho años y no lee. Lo he intentado todo, ha salido mal todo. Compré esto medio resignada pensando que iba a ser otro archivo muerto en el móvil. Lo que nos ha salvado es que vienen narradas: las ponemos en el coche de camino al colegio, veinte minutos de trayecto, y da para dos o tres. Ahora es él el que pide cuál toca. No lee ni una línea, pero se las sabe todas y las reconoce cuando le pasan.
Llevo tres años comprando cosas de estas: cuentos de emociones, el tarro de la calma, las tarjetas, el semáforo. Creo que he probado casi todo. Lo que cambia aquí, y lo digo después de haber tirado bastante dinero, es que está escrito para casa y no para el aula. Las demás cosas te plantean situaciones de clase, de fila, de profesora. Aquí las situaciones son la cena, el súper, el hermano pequeño, el domingo por la tarde. Son las mías.
Hace unos meses compré uno parecido y resultó que estaba traducido con el traductor. Hablaba de «celular», de «carro», de «jalar», y mi hija me paraba cada dos páginas para preguntarme qué era eso. Lo dejamos a la tercera noche. Antes de comprar este busqué si pasaba lo mismo y no: está escrito en español de aquí, las situaciones son el súper, el parque, el cole de aquí. Parece una tontería hasta que te pasa lo otro.
Voy a decir lo que me habría gustado que me dijeran a mí. Esto no apaga una rabieta en caliente. Yo la primera semana lo usé así, cuando ya estaba montado el pollo iba a buscar la historia, y no funciona, porque en ese momento no te escucha nadie. Funciona al revés: lo lees tranquilo en el sofá el día de antes, y el día que pasa de verdad tu hijo ya reconoce el cuento y tú ya sabes qué decir. En cuanto cambié eso, cambió todo. Pero perdí una semana usándolo mal.
Mi objeción era el tiempo. Trabajo, llego a las siete, y lo último que quería era otra cosa que empiezo con ilusión y abandono en la página veinte sintiéndome culpable. Son cuatro minutos. Una historia es una historia: la lees, la comentáis, y se acabó, no hay fases ni progreso ni nada que recuperar si un día no lo abres. Llevamos mes y medio y nos hemos saltado un montón de días. No pasa nada, sigue sirviendo igual.
Lo escribo porque yo dudé por esto. Mi hijo no tiene ningún problema, ni diagnóstico, ni nada. Es un niño normal de seis años. Y todo lo que encuentras en esta categoría parece material clínico, para niños con dificultades, y te hace pensar que te estás pasando de madre preocupada. Esto no va de eso. Va de hablar de las cosas antes de que pasen, que es lo que yo quería. Ni una sola vez te plantea a tu hijo como un problema a resolver.
Lo que me decidió fue lo que no promete. Estoy saturada de que todo sea un método, un programa, un curso de doce módulos para que tu hijo duerma o coma o te obedezca. Aquí te dicen desde el principio que no es un método y que no te va a dar un hijo obediente. Son historias. Y resulta que es verdad: no hay pautas que seguir ni deberes ni nada que hacer bien. Que alguien no te prometa un milagro es la razón por la que le creo.
El contenido muy bien, lo usamos casi a diario y los peques han enganchado. Le quito una estrella por una cosa práctica que creo que hay que decir: imprimirlo entero en color sale caro. Son muchas páginas y a todo color. Al final imprimí solo las fichas, que son las que van a la nevera, y el resto lo leemos en la tablet. Funciona igual, pero yo compré pensando en tenerlo todo en papel y ahí me quedé a medias.
Mi hijo tiene ocho años y no lee. Lo he intentado todo, ha salido mal todo. Compré esto medio resignada pensando que iba a ser otro archivo muerto en el móvil. Lo que nos ha salvado es que vienen narradas: las ponemos en el coche de camino al colegio, veinte minutos de trayecto, y da para dos o tres. Ahora es él el que pide cuál toca. No lee ni una línea, pero se las sabe todas y las reconoce cuando le pasan.
Llevo tres años comprando cosas de estas: cuentos de emociones, el tarro de la calma, las tarjetas, el semáforo. Creo que he probado casi todo. Lo que cambia aquí, y lo digo después de haber tirado bastante dinero, es que está escrito para casa y no para el aula. Las demás cosas te plantean situaciones de clase, de fila, de profesora. Aquí las situaciones son la cena, el súper, el hermano pequeño, el domingo por la tarde. Son las mías.
Hace unos meses compré uno parecido y resultó que estaba traducido con el traductor. Hablaba de «celular», de «carro», de «jalar», y mi hija me paraba cada dos páginas para preguntarme qué era eso. Lo dejamos a la tercera noche. Antes de comprar este busqué si pasaba lo mismo y no: está escrito en español de aquí, las situaciones son el súper, el parque, el cole de aquí. Parece una tontería hasta que te pasa lo otro.
Voy a decir lo que me habría gustado que me dijeran a mí. Esto no apaga una rabieta en caliente. Yo la primera semana lo usé así, cuando ya estaba montado el pollo iba a buscar la historia, y no funciona, porque en ese momento no te escucha nadie. Funciona al revés: lo lees tranquilo en el sofá el día de antes, y el día que pasa de verdad tu hijo ya reconoce el cuento y tú ya sabes qué decir. En cuanto cambié eso, cambió todo. Pero perdí una semana usándolo mal.
Mi objeción era el tiempo. Trabajo, llego a las siete, y lo último que quería era otra cosa que empiezo con ilusión y abandono en la página veinte sintiéndome culpable. Son cuatro minutos. Una historia es una historia: la lees, la comentáis, y se acabó, no hay fases ni progreso ni nada que recuperar si un día no lo abres. Llevamos mes y medio y nos hemos saltado un montón de días. No pasa nada, sigue sirviendo igual.
Lo escribo porque yo dudé por esto. Mi hijo no tiene ningún problema, ni diagnóstico, ni nada. Es un niño normal de seis años. Y todo lo que encuentras en esta categoría parece material clínico, para niños con dificultades, y te hace pensar que te estás pasando de madre preocupada. Esto no va de eso. Va de hablar de las cosas antes de que pasen, que es lo que yo quería. Ni una sola vez te plantea a tu hijo como un problema a resolver.
Lo que me decidió fue lo que no promete. Estoy saturada de que todo sea un método, un programa, un curso de doce módulos para que tu hijo duerma o coma o te obedezca. Aquí te dicen desde el principio que no es un método y que no te va a dar un hijo obediente. Son historias. Y resulta que es verdad: no hay pautas que seguir ni deberes ni nada que hacer bien. Que alguien no te prometa un milagro es la razón por la que le creo.
El contenido muy bien, lo usamos casi a diario y los peques han enganchado. Le quito una estrella por una cosa práctica que creo que hay que decir: imprimirlo entero en color sale caro. Son muchas páginas y a todo color. Al final imprimí solo las fichas, que son las que van a la nevera, y el resto lo leemos en la tablet. Funciona igual, pero yo compré pensando en tenerlo todo en papel y ahí me quedé a medias.
Mi hijo tiene ocho años y no lee. Lo he intentado todo, ha salido mal todo. Compré esto medio resignada pensando que iba a ser otro archivo muerto en el móvil. Lo que nos ha salvado es que vienen narradas: las ponemos en el coche de camino al colegio, veinte minutos de trayecto, y da para dos o tres. Ahora es él el que pide cuál toca. No lee ni una línea, pero se las sabe todas y las reconoce cuando le pasan.
Llevo tres años comprando cosas de estas: cuentos de emociones, el tarro de la calma, las tarjetas, el semáforo. Creo que he probado casi todo. Lo que cambia aquí, y lo digo después de haber tirado bastante dinero, es que está escrito para casa y no para el aula. Las demás cosas te plantean situaciones de clase, de fila, de profesora. Aquí las situaciones son la cena, el súper, el hermano pequeño, el domingo por la tarde. Son las mías.
Lo que me ha servido de verdad no es el contenido, es el índice. Yo nunca sé cómo se llama lo que le pasa a mi hijo. ¿Eso de que se queda fuera en el recreo es frustración, son celos, es timidez? Pues da igual. Buscas «no le dejan jugar en el recreo» y está la historia. Buscas «se rinde al primer intento» y está. Tengo tres libros de emociones en casa y en todos tengo que saber primero el nombre de la emoción para encontrar algo. Aquí buscas lo que ha pasado hoy.
Soy el padre, y compro yo los libros de este tipo porque mi mujer ya se cansó: tenemos dos en la estantería sin abrir. Este lo imprimí el primer fin de semana, las fichas sueltas, y las dejé con un imán en la nevera. Ahí está la diferencia. Mi hija de siete es la que elige la hoja del día, se ha convertido en una cosa suya. Los otros dos siguen en la estantería porque nunca se me ocurrió sacarlos. Este se usa porque está a la vista.
Dejé a medias el último libro de crianza que compré porque acabé llorando en la página cuarenta. Todo era lo que haces mal y lo que le estás provocando. Este no hace eso en ningún momento. No te señala, no te explica el daño que le causas, no te pide que seas otra madre. Te da la historia y la conversación de después escrita, que es lo que yo necesitaba, porque yo no soy psicóloga y me quedaba en blanco. Lees y ya está. El trabajo lo hace el cuento.
Le pongo cinco porque el contenido las merece, pero quiero avisar de una cosa para que nadie se lleve un chasco. Tengo dos, de cinco y de nueve. Al de nueve le va perfecto, se las lee él solo y luego hablamos. Al de cinco las últimas se le hacen largas y pierde el hilo a mitad. A esa edad yo me quedaría en los primeros bloques, que son más cortos y más de situaciones de casa, y dejaría el resto para dentro de un año o dos. Siendo una compra para los dos, me sigue saliendo a cuenta.
Lo compré pensando solo en el mayor, que tiene once y está en esa edad en la que ya no te cuenta nada. Luego vi que venía la edición de 11 a 13 con las mismas situaciones contadas para su edad, que es lo que de verdad usamos con él, y las normales se las acabó quedando la pequeña de seis. O sea que pagué una vez y lo estoy usando con dos hijos de edades muy distintas. Eso no lo esperaba y es lo que más valoro.
Hace unos meses compré uno parecido y resultó que estaba traducido con el traductor. Hablaba de «celular», de «carro», de «jalar», y mi hija me paraba cada dos páginas para preguntarme qué era eso. Lo dejamos a la tercera noche. Antes de comprar este busqué si pasaba lo mismo y no: está escrito en español de aquí, las situaciones son el súper, el parque, el cole de aquí. Parece una tontería hasta que te pasa lo otro.
Voy a decir lo que me habría gustado que me dijeran a mí. Esto no apaga una rabieta en caliente. Yo la primera semana lo usé así, cuando ya estaba montado el pollo iba a buscar la historia, y no funciona, porque en ese momento no te escucha nadie. Funciona al revés: lo lees tranquilo en el sofá el día de antes, y el día que pasa de verdad tu hijo ya reconoce el cuento y tú ya sabes qué decir. En cuanto cambié eso, cambió todo. Pero perdí una semana usándolo mal.
Mi objeción era el tiempo. Trabajo, llego a las siete, y lo último que quería era otra cosa que empiezo con ilusión y abandono en la página veinte sintiéndome culpable. Son cuatro minutos. Una historia es una historia: la lees, la comentáis, y se acabó, no hay fases ni progreso ni nada que recuperar si un día no lo abres. Llevamos mes y medio y nos hemos saltado un montón de días. No pasa nada, sigue sirviendo igual.
Lo escribo porque yo dudé por esto. Mi hijo no tiene ningún problema, ni diagnóstico, ni nada. Es un niño normal de seis años. Y todo lo que encuentras en esta categoría parece material clínico, para niños con dificultades, y te hace pensar que te estás pasando de madre preocupada. Esto no va de eso. Va de hablar de las cosas antes de que pasen, que es lo que yo quería. Ni una sola vez te plantea a tu hijo como un problema a resolver.
Lo que me decidió fue lo que no promete. Estoy saturada de que todo sea un método, un programa, un curso de doce módulos para que tu hijo duerma o coma o te obedezca. Aquí te dicen desde el principio que no es un método y que no te va a dar un hijo obediente. Son historias. Y resulta que es verdad: no hay pautas que seguir ni deberes ni nada que hacer bien. Que alguien no te prometa un milagro es la razón por la que le creo.
El contenido muy bien, lo usamos casi a diario y los peques han enganchado. Le quito una estrella por una cosa práctica que creo que hay que decir: imprimirlo entero en color sale caro. Son muchas páginas y a todo color. Al final imprimí solo las fichas, que son las que van a la nevera, y el resto lo leemos en la tablet. Funciona igual, pero yo compré pensando en tenerlo todo en papel y ahí me quedé a medias.
Mi hijo tiene ocho años y no lee. Lo he intentado todo, ha salido mal todo. Compré esto medio resignada pensando que iba a ser otro archivo muerto en el móvil. Lo que nos ha salvado es que vienen narradas: las ponemos en el coche de camino al colegio, veinte minutos de trayecto, y da para dos o tres. Ahora es él el que pide cuál toca. No lee ni una línea, pero se las sabe todas y las reconoce cuando le pasan.
Llevo tres años comprando cosas de estas: cuentos de emociones, el tarro de la calma, las tarjetas, el semáforo. Creo que he probado casi todo. Lo que cambia aquí, y lo digo después de haber tirado bastante dinero, es que está escrito para casa y no para el aula. Las demás cosas te plantean situaciones de clase, de fila, de profesora. Aquí las situaciones son la cena, el súper, el hermano pequeño, el domingo por la tarde. Son las mías.
Dejé a medias el último libro de crianza que compré porque acabé llorando en la página cuarenta. Todo era lo que haces mal y lo que le estás provocando. Este no hace eso en ningún momento. No te señala, no te explica el daño que le causas, no te pide que seas otra madre. Te da la historia y la conversación de después escrita, que es lo que yo necesitaba, porque yo no soy psicóloga y me quedaba en blanco. Lees y ya está. El trabajo lo hace el cuento.
5. Elena M. — Madrid ·
Le pongo cinco porque el contenido las merece, pero quiero avisar de una cosa para que nadie se lleve un chasco. Tengo dos, de cinco y de nueve. Al de nueve le va perfecto, se las lee él solo y luego hablamos. Al de cinco las últimas se le hacen largas y pierde el hilo a mitad. A esa edad yo me quedaría en los primeros bloques, que son más cortos y más de situaciones de casa, y dejaría el resto para dentro de un año o dos. Siendo una compra para los dos, me sigue saliendo a cuenta.
6. Cristina P. — Málaga ·
Lo compré pensando solo en el mayor, que tiene once y está en esa edad en la que ya no te cuenta nada. Luego vi que venía la edición de 11 a 13 con las mismas situaciones contadas para su edad, que es lo que de verdad usamos con él, y las normales se las acabó quedando la pequeña de seis. O sea que pagué una vez y lo estoy usando con dos hijos de edades muy distintas. Eso no lo esperaba y es lo que más valoro.
7. Beatriz G. — Valladolid ·
Hace unos meses compré uno parecido y resultó que estaba traducido con el traductor. Hablaba de «celular», de «carro», de «jalar», y mi hija me paraba cada dos páginas para preguntarme qué era eso. Lo dejamos a la tercera noche. Antes de comprar este busqué si pasaba lo mismo y no: está escrito en español de aquí, las situaciones son el súper, el parque, el cole de aquí. Parece una tontería hasta que te pasa lo otro.
8. Alberto R. — Murcia ·
Voy a decir lo que me habría gustado que me dijeran a mí. Esto no apaga una rabieta en caliente. Yo la primera semana lo usé así, cuando ya estaba montado el pollo iba a buscar la historia, y no funciona, porque en ese momento no te escucha nadie. Funciona al revés: lo lees tranquilo en el sofá el día de antes, y el día que pasa de verdad tu hijo ya reconoce el cuento y tú ya sabes qué decir. En cuanto cambié eso, cambió todo. Pero perdí una semana usándolo mal.
9. Montse F. — Barcelona ·
Mi objeción era el tiempo. Trabajo, llego a las siete, y lo último que quería era otra cosa que empiezo con ilusión y abandono en la página veinte sintiéndome culpable. Son cuatro minutos. Una historia es una historia: la lees, la comentáis, y se acabó, no hay fases ni progreso ni nada que recuperar si un día no lo abres. Llevamos mes y medio y nos hemos saltado un montón de días. No pasa nada, sigue sirviendo igual.
10. Lucía H. — A Coruña ·
Lo escribo porque yo dudé por esto. Mi hijo no tiene ningún problema, ni diagnóstico, ni nada. Es un niño normal de seis años. Y todo lo que encuentras en esta categoría parece material clínico, para niños con dificultades, y te hace pensar que te estás pasando de madre preocupada. Esto no va de eso. Va de hablar de las cosas antes de que pasen, que es lo que yo quería. Ni una sola vez te plantea a tu hijo como un problema a resolver.
11. Patricia D. — Alicante ·
Lo que me decidió fue lo que no promete. Estoy saturada de que todo sea un método, un programa, un curso de doce módulos para que tu hijo duerma o coma o te obedezca. Aquí te dicen desde el principio que no es un método y que no te va a dar un hijo obediente. Son historias. Y resulta que es verdad: no hay pautas que seguir ni deberes ni nada que hacer bien. Que alguien no te prometa un milagro es la razón por la que le creo.
12. Sergio N. — Salamanca ·
El contenido muy bien, lo usamos casi a diario y los peques han enganchado. Le quito una estrella por una cosa práctica que creo que hay que decir: imprimirlo entero en color sale caro. Son muchas páginas y a todo color. Al final imprimí solo las fichas, que son las que van a la nevera, y el resto lo leemos en la tablet. Funciona igual, pero yo compré pensando en tenerlo todo en papel y ahí me quedé a medias.
13. Raquel V. — Gijón ·
Mi hijo tiene ocho años y no lee. Lo he intentado todo, ha salido mal todo. Compré esto medio resignada pensando que iba a ser otro archivo muerto en el móvil. Lo que nos ha salvado es que vienen narradas: las ponemos en el coche de camino al colegio, veinte minutos de trayecto, y da para dos o tres. Ahora es él el que pide cuál toca. No lee ni una línea, pero se las sabe todas y las reconoce cuando le pasan.
14. Inés T. — Pamplona ·
Llevo tres años comprando cosas de estas: cuentos de emociones, el tarro de la calma, las tarjetas, el semáforo. Creo que he probado casi todo. Lo que cambia aquí, y lo digo después de haber tirado bastante dinero, es que está escrito para casa y no para el aula. Las demás cosas te plantean situaciones de clase, de fila, de profesora. Aquí las situaciones son la cena, el súper, el hermano pequeño, el domingo por la tarde. Son las mías.
4. Nuria B. — Bilbao ·
Dejé a medias el último libro de crianza que compré porque acabé llorando en la página cuarenta. Todo era lo que haces mal y lo que le estás provocando. Este no hace eso en ningún momento. No te señala, no te explica el daño que le causas, no te pide que seas otra madre. Te da la historia y la conversación de después escrita, que es lo que yo necesitaba, porque yo no soy psicóloga y me quedaba en blanco. Lees y ya está. El trabajo lo hace el cuento.
5. Elena M. — Madrid ·
Le pongo cinco porque el contenido las merece, pero quiero avisar de una cosa para que nadie se lleve un chasco. Tengo dos, de cinco y de nueve. Al de nueve le va perfecto, se las lee él solo y luego hablamos. Al de cinco las últimas se le hacen largas y pierde el hilo a mitad. A esa edad yo me quedaría en los primeros bloques, que son más cortos y más de situaciones de casa, y dejaría el resto para dentro de un año o dos. Siendo una compra para los dos, me sigue saliendo a cuenta.
6. Cristina P. — Málaga ·
Lo compré pensando solo en el mayor, que tiene once y está en esa edad en la que ya no te cuenta nada. Luego vi que venía la edición de 11 a 13 con las mismas situaciones contadas para su edad, que es lo que de verdad usamos con él, y las normales se las acabó quedando la pequeña de seis. O sea que pagué una vez y lo estoy usando con dos hijos de edades muy distintas. Eso no lo esperaba y es lo que más valoro.
7. Beatriz G. — Valladolid ·
Hace unos meses compré uno parecido y resultó que estaba traducido con el traductor. Hablaba de «celular», de «carro», de «jalar», y mi hija me paraba cada dos páginas para preguntarme qué era eso. Lo dejamos a la tercera noche. Antes de comprar este busqué si pasaba lo mismo y no: está escrito en español de aquí, las situaciones son el súper, el parque, el cole de aquí. Parece una tontería hasta que te pasa lo otro.
8. Alberto R. — Murcia ·
Voy a decir lo que me habría gustado que me dijeran a mí. Esto no apaga una rabieta en caliente. Yo la primera semana lo usé así, cuando ya estaba montado el pollo iba a buscar la historia, y no funciona, porque en ese momento no te escucha nadie. Funciona al revés: lo lees tranquilo en el sofá el día de antes, y el día que pasa de verdad tu hijo ya reconoce el cuento y tú ya sabes qué decir. En cuanto cambié eso, cambió todo. Pero perdí una semana usándolo mal.
9. Montse F. — Barcelona ·
Mi objeción era el tiempo. Trabajo, llego a las siete, y lo último que quería era otra cosa que empiezo con ilusión y abandono en la página veinte sintiéndome culpable. Son cuatro minutos. Una historia es una historia: la lees, la comentáis, y se acabó, no hay fases ni progreso ni nada que recuperar si un día no lo abres. Llevamos mes y medio y nos hemos saltado un montón de días. No pasa nada, sigue sirviendo igual.
10. Lucía H. — A Coruña ·
Lo escribo porque yo dudé por esto. Mi hijo no tiene ningún problema, ni diagnóstico, ni nada. Es un niño normal de seis años. Y todo lo que encuentras en esta categoría parece material clínico, para niños con dificultades, y te hace pensar que te estás pasando de madre preocupada. Esto no va de eso. Va de hablar de las cosas antes de que pasen, que es lo que yo quería. Ni una sola vez te plantea a tu hijo como un problema a resolver.
11. Patricia D. — Alicante ·
Lo que me decidió fue lo que no promete. Estoy saturada de que todo sea un método, un programa, un curso de doce módulos para que tu hijo duerma o coma o te obedezca. Aquí te dicen desde el principio que no es un método y que no te va a dar un hijo obediente. Son historias. Y resulta que es verdad: no hay pautas que seguir ni deberes ni nada que hacer bien. Que alguien no te prometa un milagro es la razón por la que le creo.
12. Sergio N. — Salamanca ·
El contenido muy bien, lo usamos casi a diario y los peques han enganchado. Le quito una estrella por una cosa práctica que creo que hay que decir: imprimirlo entero en color sale caro. Son muchas páginas y a todo color. Al final imprimí solo las fichas, que son las que van a la nevera, y el resto lo leemos en la tablet. Funciona igual, pero yo compré pensando en tenerlo todo en papel y ahí me quedé a medias.
13. Raquel V. — Gijón ·
Mi hijo tiene ocho años y no lee. Lo he intentado todo, ha salido mal todo. Compré esto medio resignada pensando que iba a ser otro archivo muerto en el móvil. Lo que nos ha salvado es que vienen narradas: las ponemos en el coche de camino al colegio, veinte minutos de trayecto, y da para dos o tres. Ahora es él el que pide cuál toca. No lee ni una línea, pero se las sabe todas y las reconoce cuando le pasan.
14. Inés T. — Pamplona ·
Llevo tres años comprando cosas de estas: cuentos de emociones, el tarro de la calma, las tarjetas, el semáforo. Creo que he probado casi todo. Lo que cambia aquí, y lo digo después de haber tirado bastante dinero, es que está escrito para casa y no para el aula. Las demás cosas te plantean situaciones de clase, de fila, de profesora. Aquí las situaciones son la cena, el súper, el hermano pequeño, el domingo por la tarde. Son las mías.
Experiencias individuales. No garantizamos ningún cambio de conducta.
Lee tres historias con tu hijo y mira si os sirve. Si en 30 días ves que no, escribes un email y te devolvemos el 100 %. Te quedas con lo descargado.
Lo que a ti te costó veinte años, él puede leerlo en una página. Y la ventana en la que te escucha sin discutir no dura para siempre.
Sí, lo quiero por 14,99 € →Producto digital: historias y fichas en PDF. No se envía producto físico. No sustituye acompañamiento psicológico, terapéutico, logopédico ni médico, ni garantiza ningún resultado de comportamiento.

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hace 7 minutos · Valencia